
"Paul ha disfrutado mucho con la atención", indicó a AFP la portavoz del acuario de Oberhausen (al oeste de Alemania), Tanja Munzig. "Pero ahora va a volver a sus labores de antes, es decir, a entusiasmar a los numerosos visitantes y hacer sonreír a los niños", señaló.
Sus días parecen contados, ya que tiene dos años y medio y su esperanza de vida es de apenas tres.
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